Catalán e inmigración, ¿una preocupación global?

Los catalanes se encuentran en un momento difícil de cuadrar. Angustioso para unos y totalmente necesario para otros. Los habitantes de la actual Comunidad Autónoma de Cataluña se mantienen a la zaga de las últimas informaciones emitidas por la Generalitat de Catalunya y por las réplicas que el gobierno central emite a los medios de comunicación. No en vano, los extranjeros residentes en Cataluña viven el proceso independentista catalán desde un punto de vista particular y la mayoría de ellos no abandonaría su Documento Nacional de Identidad español por uno de catalán.

Catalán e inmigración, situación actual

Por un lado, los inmigrantes de origen latino no comparten la idea de dejar pasar la oportunidad de poseer un DNI español por uno catalán. Según algunos de ellos, suficiente tiempo, esfuerzo, ganas y dinero les cuesta como para que quepa la posibilidad de perderlo y, por qué no, de ser expulsados de España o la hipotética Cataluña independizada en el futuro.

Por otro lado, inmigrantes de origen ruso o alemán, por poner un par de ejemplos típicos, no están muy convencidos, tampoco, de que el proceso independentista llegue a buen puerto, de hecho, lo único que les interesa, en la mayoría de los casos, a este tipo de extranjeros, son las oportunidades inmobiliarias de nuestro país y, en todo caso, la posibilidad de gastar su alto nivel adquisitivo de vacaciones en tierras españolas.

La mayoría de los inmigrantes residentes en España no asimilan positivamente la posibilidad de una consulta independentista en Cataluña y se aferran a sus documentos totalmente homologados en España. Es más, muchos de ellos, de ser consultados sobre si desearían una Cataluña independiente, o no, se decantarían por el no.

Muchos se preguntan qué pasaría con ellos en el caso de que quisiesen viajar o cambiar su residencia a algún país de Europa porque, ¿seguirían siendo europeos? También se cuestionan qué bandera aparecería en sus documentos oficiales y, en fin, discuten entre ellos, con españoles y catalanes, si este cambio sería fructífero en sus situaciones, pero es evidente que ni siquiera los políticos encargados de intentar tramitar una consulta al pueblo catalán saben del futuro exacto de la situación que pretenden hacer realidad. Ni si quiera ellos saben cómo va a acontecer en el futuro una consulta de independencia, por lo tanto, menos aún sabrán cómo gestionar el decurso de los acontecimientos en el caso de que Cataluña se independice.

La comunidad islámica tampoco lo tiene claro, al igual que la latina. Ciertamente, notar que su economía y su estabilidad familiar se encuentran en grave peligro no hace gracia a nadie, menos todavía cuando se lleva relativamente poco residiendo en España y la posibilidad de volver a sus respectivos países no se encuentra entre sus planes más inmediatos.

No hay que olvidar la estima que paquistaníes, latinos o chinos tienen hacia tierras catalanas. El hecho de que vengan a buscar un rincón de tierra mejor para llevar a cabo sus asuntos económicos con más margen de maniobra que en sus países, que sus hijos se críen y adopten costumbres catalanas y que ellos mismos tengan las ganas y la valentía de integrarse en la sociedad de Cataluña aprendiendo catalán y respetando las leyes establecidas en la Comunidad Autónoma de Cataluña es insoslayable y, por supuesto, ha de ser objeto de admiración.

Ayudarlos a decidir si se quedarían o no en el hipotético caso de que la consulta se haga resulta de vital importancia teniendo en cuenta que son personas tan necesarias como cualquiera de los españoles.