Los problemas de la Jungla de Calais

La grave situación que se está viviendo en todo el mundo por culpa de las guerras en Oriente Medio tienen a unas víctimas como verdaderas protagonistas: los refugiados, personas que huyen de esos países en guerra en los que nadie les apoya y que se encuentran completamente desamparados, con una familia que cuidar, sin trabajo ni comida y además en peligro constante de ser asesinados por los terroristas, por las balas perdidas de la guerra o por la propia hambre.

Uno de los lugares donde es más visible esta problemática es en Calais, una ciudad francesa situada muy cerca del Eurotúnel que une Francia con Reino Unido y en la que se levantó en 2015 uno de los campos de refugiados más polémicos del momento. En su lugar viven nada más y nada menos que 1.000 personas, refugiados sin casa, sin ropa y sin comida, que buscan empezar de cero desde algún otro país, principalmente Reino Unido, donde quieren pedir asilo y poder vivir una vida tranquila como antes de la guerra.

La llaman la Jungla de Calais porque, según muchos, se trata de un campamento para refugiados ilegal y que ha sido desmantelado por las autoridades francesas, no sin problemas de por medio. De hecho, a finales de 2015 se podían contar los refugiados en su interior por más de 6.000. Pero hay que contar la historia desde el principio. A finales de 2015 también el gobierno francés autorizó el aumento de espacio en el campamento para albergar a tantos refugiados: aumentaron en 125 los barracones, pero al final provocó una cantidad de inseguridad e insalubridad en la zona, que se tuvo que desmantelar la parte baja del campamento a finales de febrero de 2016. Eso mismo provocó duros enfrentamientos en la calle, con políticos y la propia policía francesa.

La mayoría de los inmigrantes que se encuentran en Calais provienen de Afganistán y Pakistán, aunque también hay muchos otros de Eritrea, Etiopía, Sudán y Siria.

Los problemas de la crisis migratoria

El problema principal de toda crisis migratoria es que es algo que afecta a toda la población, especialmente a aquellos sitios que se encuentran relativamente cerca de las zonas de conflicto y que pueden ofrecer una situación mejor de vida a estas personas.

En muchas ocasiones, el problema está en que los propios gobiernos y ayuntamientos tienen políticas que rozan la xenofobia y no quieren inmigrantes de ningún tipo, ni regular la situación de personas que están sufriendo una guerra y penurias de todo tipo y, sobre todo, no tienen un país al que volver. Pese a eso deciden no tomar parte y así se generan fricciones con otros países que sí ayudan a los más necesitados.

Otro problema es la inseguridad. Es innegable que cuando llegan tantos refugiados necesitados como están a una ciudad, es probable que suceda algún acto terrible, un robo o algún atraco, que aumente la delincuencia. Aunque lamentablemente será una cifra muy baja, al final pagan justos por pecadores y los pobres refugiados que buscan una vida humilde y tranquila terminan deportados o totalmente abandonados porque nadie quiere cargar con el “miedo” de contar con un campamento de refugados en su ciudad.

En otras ocasiones las propias poblaciones y gobiernos ponen todo de su parte, pero nunca es suficiente, y al final se quedan pobres de recursos y no encuentran otra salida que tener que expulsarles, porque sino no hay forma de sostener la economía de la ciudad. En otras ocasiones, como ya sucedió en España en los años 90, se promueve la acogida por parte de los propios ciudadanos a otros ciudadanos refugiados, pero se tiene que dar en casos con un final cercano o más o menos visible, si no, no es forma de llevar la situación.

Sin duda, el problema de la Jungla de Calais evidencia que hay muchos puntos que solucionar a la hora de hablar no solo de inmigrantes sino de refugiados de guerra. Deberíamos ser un país que entiende más que a nadie a las víctimas de una guerra, familias separadas, asesinadas, que no saben dónde están sus personas más queridas y mientras, el primer mundo se lo sigue poniendo más y más difícil. Es un debate muy complejo.